UNA OPERACIÓN DE SUMA CERO

 

?Algunos artículos de prensa de las últimas semanas aseguran que en el PSOE están preocupados por la falta de concreción del proyecto de Yolanda Díaz y su carencia de implantación territorial, ya que necesitan que su propuesta tenga los mejores resultados a fin de hacer posible una reedición de la actual coalición después de las elecciones de 2023. Y eso pasa, en su opinión, por alcanzar una fuerte movilización del electorado de extrema izquierda en torno a su figura.

No parece necesario recordar una vez más que ese segmento electoral representa, en el mejor de los casos, entre un 12 y un 15% de los votos y que nunca hasta ahora ha concurrido a las elecciones con una candidatura unitaria. Esta atomización ha venido provocando, es cierto, el desperdicio de gran parte de esos votos que no han tenido reflejo en la obtención de representantes.

El personalismo y el cainismo exacerbado ?práctica habitual entre las opciones de izquierda radical de nuestro país-- hace de nuevo difícil imaginar un posible acuerdo para presentar listas unitarias. Lo sucedido en las últimas elecciones andaluzas no permite ser muy optimista. La enemistad difícil de ocultar entre la vicepresidenta, de una parte, e Iglesias y las ministras de UP de otra, tampoco. De persistir esta dificultad y en el caso de que Díaz se incline por concurrir a las elecciones de manera autónoma, su proyecto Sumar no pasaría de ser una sigla más dentro de la sopa de letras de la izquierda y su mayor efecto sería dispersar aún más el reparto de votos entre las distintas ofertas.

Pero, aun admitiendo la posibilidad de que la propuesta de Díaz consiga aunar a su alrededor a este colectivo tan variopinto en lo ideológico como atomizado en lo territorial, (Podemos, IU, PCE, Ecologistas, Compromís, Comunes, Adelante Andalucía, Colaus, Errejones, Carmenistas ?), no es seguro que el éxito de una operación de este tipo contribuya a una repetición de Sánchez en la Presidencia del Gobierno.

Todas las encuestas demoscópicas con cierto grado de fiabilidad (excluyo la que todos imaginan) vienen augurando una importante fuga de votos socialistas que se trasvasarían hacia posiciones centristas o incluso conservadoras. Lejos de intentar taponar esta sangría mediante cierto ?corrimiento? a posiciones más centradas, Sánchez ha optado por radicalizar su discurso hacia posturas gauchistas (demonizando a empresarios, medios de comunicación y presuntos poderes ocultos) y expresiones populistas (la alusión a ?la gente? era hasta ahora un término con copyright de los podemitas). El propósito es evidente: movilizar y capitalizar el voto de izquierdas mediante una reedición del ?nos conviene que haya tensión? de Zapatero en 2008.

En cualquier caso, alentar el éxito de Sumar puede acabar suponiendo para la actual coalición en el gobierno una operación de suma cero. Resulta imposible concebir que Díaz logre ?pescar? en caladeros centrados ideológicamente por lo que su crecimiento sólo puede hacerse a costa de seducir al conjunto del izquierdismo extremo. Pero también puede ocurrir, como efecto secundario, que su oferta acabe sustrayendo al PSOE a una parte de sus electores más radicales. A la fuga de votos socialistas por su ala derecha puede añadirse, en consecuencia, otra por su ala izquierda. La ?radicalización? reciente del sanchismo no tendría, en consecuencia, gran utilidad ya que, puestos a elegir, el electorado afín a estos posicionamientos preferirá la oferta ?originalmente? gauchista o populista antes que a los socialistas ?convertidos? recientemente a estas causas. Es difícil imaginar, por tanto, que Sumar sirva para engrosar la suma total de votos de la izquierda. Aunque es cierto que una candidatura única de la ?izquierda a la izquierda del PSOE? se vería beneficiada por el sistema D´Hondt, el resultado final será más bien una mera redistribución de votos entre ellos y los socialistas.

La concurrencia de estas dos circunstancias --la gran dificultad para alcanzar una candidatura unitaria y el nulo rédito electoral para el conjunto de la izquierda del movimiento Sumar-- me hace seguir augurando, como he venido haciendo en anteriores escritos, que al final todo acabará en una integración de Yolanda Díaz y de su proyecto dentro de las listas socialistas. Sin renunciar a su carnet de origen ni adherirse formalmente al partido socialista, Díaz y su movimiento pueden representar lo que ha sido históricamente la corriente de Izquierda Socialista en el PSOE. Al día de hoy, además, es más fácil de imaginar un acuerdo de Sánchez con Díaz, que una concordia de ésta con Podemos en la que éstos aceptaran jugar un papel meramente subalterno y diluirse en una coalición con otra líder a la cabeza. Una suma de Sumar (valga la redundancia) y los socialistas engrosaría los resultados en votos y en escaños y, last but not least, aseguraría a Díaz una continuidad y una presencia significativa en la política española, aunque sea en la oposición.     

Sea cual sea a término la fórmula electoral, será interesante seguir atentamente la manera en que tendrá lugar la ruptura de la actual coalición gubernamental, una separación que es inevitable que se produzca antes de las elecciones según todos los manuales de Ciencia Política. Queda por fijar la fecha que se elegirá, los motivos que se alegarán y, particularmente, el tono de las relaciones entre los antiguos socios después del divorcio.

Asistiremos en los próximos meses por parte del PSOE, eso parece seguro, a una desaforada campaña de descrédito del líder de la oposición (incompetente, sectario, ignorante, con mala fe?) acompañada de un bombardeo publicitario igualmente desaforado sobre los éxitos del gobiernoprogresistadecoalición. La reciente victoria de la ultraderecha en Italia puede incluso hacer resucitar la tentación de invocar la alarma ante el fascismo, una alarma que se demostró inoperante en Madrid y en Andalucía. Por el momento, no obstante, es de prever que se continúe recurriendo a mensajes tan simples como maniqueos: ricos contra pobres, poderosos frente a vulnerables, poderes ocultos contra la gente?

No cree este modesto observador que este tipo de campaña tenga gran utilidad para dar una vuelta radical a las actuales tendencias demoscópicas. Lo más difícil de superar, en cualquier caso, será la poca credibilidad y la escasa confianza que inspira el presidente entre amplios sectores de la sociedad y, en especial, como algunos entre sus propias filas vienen expresando, el rechazo total hacia algunos de los compañeros ?Frankenstein? en los que se ha venido apoyando.

Como última y acaso única opción, siempre le queda al socialismo reinante la esperanza de confiar en una sucesión de errores del líder gallego del PP, de su equipo o de sus líderes (o lideresas) regionales. Algo que tampoco se puede excluir absolutamente.

La próxima etapa, que servirá de facto como primera vuelta de las generales, llegará con las elecciones municipales y autonómicas de mayo próximo.  Veremos?

POSDATA

El presidente chileno Gabriel Boric también había apostado por unas propuestas constitucionales que incluían todos los ?ismos? de moda entre esta clase de gobernantes: gauchismo, populismo, feminismo, ecologismo, interculturalismo, plurinacionalismo, pacifismo, indigenismo?

Cuando convocó a las urnas, el resultado fue que los votantes (la gente) rechazaron sus propuestas con rotundidad. No es que los chilenos sientan nostalgia de Pinochet, es más bien que cuando los líderes corren demasiado, pueden encontrarse con que nadie les sigue y se quedan solos con sus pancartas.

Boric reaccionó de inmediato con una profunda remodelación de su gobierno que ha sido unánimemente interpretada como una voluntad de moderación y de corrimiento hacia el centro.

No parece que por aquí se piense seguir un camino similar. Acaso convendría que recordaran aquello de ?cuando las barbas de tu vecino (ideológico) veas cortar??