SATURADOS DE LA SATURACIÓN

Periodista

 

Arranca un verano, el de 2023, que promete batir nuevos récords de afluencia turística a las Illes Balears. Y más pronto que tarde se reabrirá el debate de la saturación turística del archipiélago. Un tema reducido por algunos a serpiente de verano, a recurrente materia llenapáginas o llenaminutos en los medios de comunicación. Y que sin embargo es objeto de profunda preocupación entre numerosos isleños que ya no reconocen ni sus paisajes, ni sus rincones ni a sus gentes.

La última vez que se habló en profundidad de la cuestión fue durante el verano del año pasado. La masificación turística de nuevo acaparaba titulares, opiniones y discusión en la calle. No me pareció entonces que siendo el primer verano post-COVID fuera la ocasión idónea para tal debate. Miles de empresas, autónomos y trabajadores de las islas no habían empezado siquiera a recuperarse del cataclismo que supuso la pandemia para la actividad turística. Este año el panorama es diferente pero no parece que la coyuntura política y social vaya a posibilitar un debate serio y adulto sobre esta problemática.

Un par de notas personales y apuntes sobre la cuestión:

1.Masificación es masificación y saturación es saturación. El ?éxito? turístico es otra cosa. Que no nos engañen con los juegos semánticos.

2.Es cierto que la sensación de saturación implica un componente subjetivo. Por poner un ejemplo reciente, uno disfrutará de la noche de Sant Joan en una playa rodeado de miles de personas asando carne en las barbacoas, con la música de los altavoces a todo trapo y otro disfrutará en la paz de su casa o de un rincón apartado.

Pero no es menos cierto que la masificación está ya documentada en numerosos indicadores y datos objetivos. Cualquier debate mínimamente riguroso sobre la cuestión los debe considerar.

3.La saturación turística llegó después del boom de AirBnb y el alquiler turístico. Es urgente que las administraciones públicas actúen con contundencia para detectar, sancionar y eliminar las miles de plazas ilegales del alquiler turístico, en todas sus modalidades. Ya sea una ?villa?, un piso, una furgoneta o un chamizo. El mercado persa en que algunos convierten las islas cada verano, extremo en Eivissa, no puede ir siempre por delante de la ley. Porque es competencia desleal, porque no pagan impuestos, porque es indecente y porque es injusto. Del mismo, la inspección debe ser implacable con las probables plazas no declaradas que todavía puedan existir entre la oferta reglada.

4.Negar que existe masificación turística durante el verano es como negar que el agua moja. Una cuestión que nos interpela a todos, por el futuro de nuestra sociedad y de nuestra tierra, no puede ser abordada únicamente desde los intereses gremiales o particulares. El infantilismo de pensar que cuantos más turistas vengan más camas ocuparé, más carreras de taxi realizaré o más cervezas venderé choca de bruces con otra realidad: nuestro mejor turismo está empezando a rechazar la experiencia turística masificada. Así lo detectan las encuestas de satisfacción -públicas y privadas- y así lo constatan los profesionales del sector que más y mejor conocen a los visitantes más fieles al destino: el personal de recepción y los directores o subdirectores de los establecimientos.

5.Mallorca se está jugando convertirse en una macrourbanizacion de parcelas de 14.000 metros cuadrados. La moratoria de plazas turísticas del Consell de Mallorca será pronto papel mojado merced al vuelco político. Pero construir una villa, chalet o mansión turística o residencial cada 14.000 metros cuadrados es lo que está masificando la isla actualmente. Basta ver lo que está sucediendo en Santanyí, incluso en lugares antes remotos como el entorno de Sa Vall / carretera del faro de Ses Salines. O lo que ha sucedido ya en Pollença-Alcúdia: pronto convertidos en una placa urbana unificada, y coronada al cemento. Urge modificar las normas territoriales. Lo que algunos académicos y expertos de la Universitat de les Illes Balears preconizaban en los años 90 está convirtiéndose en realidad: vamos directos hacia la isla-ciudad?

En relación al debate sobre la reducción de plazas turísticas recomiendo la lectura de la entrevista en estas páginas al ex conseller de Turisme con el Partit Popular y empresario turístico, Jaume Cladera. Su concreción, clarividencia y realismo marcan una hoja de ruta a seguir.

6.Debatir o analizar la masificación turística no es ir contra el turismo. No implica ser simpatizante de Terraferida, ni conlleva practicar la ?turismofobia? (?). Que no les engañen las voces interesadas ni los ayatolás mediáticos.

7.Preguntémonos si, como turistas, queremos repetir viaje a un destino en el que el aeropuerto parece un hormiguero con olor de hamburguesa, en el que debemos aguardar largas colas en el rent a car, en el supermercado, en el aparcamiento; donde no hay taxis libres o donde los autobuses públicos pasan de largo porque van llenos; en el que lleguemos a una cala virgen de postal después de chuparnos unos cuantos atascos y aquello parezca la peregrinación a La Meca; o dónde hay que compartir espacio con turistas borrachas y borrachos hasta en los servicios de Urgencia de los hospitales públicos?