Secretaria de Políticas Públicas y Salud Laboral de CCOO Illes Balears
En el informe que CCOO IB ha elaborado en marzo de este año ?Desigualdades y brechas de género de las mujeres en Baleares?, analizábamos numerosos indicadores que muestran su situación de precariedad. Como ejemplo, ellas presentan una tasa de actividad del 59%, 9,67 puntos inferior a la de los hombres. A ello hay que sumarle la importante brecha que existe en la tasa de temporalidad: su tasa es del 36% y para el varón del 30%. Otra característica que marca el desarrollo profesional de las mujeres es la parcialidad que les afecta directamente: a pesar de la positiva evolución de este indicador, continúa lastrando la carrera profesional de las mujeres; en cifras concretas, de cada 100 contratos a tiempo parcial, las mujeres firman 62 y ellos 38. También es importante destacar la segregación ocupacional: 79 de cada 100 contratos firmados por las mujeres se concentran en dos sectores, hostelería y servicios, sectores ambos, y en especial el de servicios, caracterizados por los salarios más bajos. Persiste la división sexual del trabajo, donde las mujeres se emplean en ocupaciones relacionadas con los cuidados, las cuales, a pesar de su importancia social y económica, siguen sin tener el reconocimiento que merecen.
Por otra parte, las mujeres siguen siendo las que más se ocupan de las labores del hogar: durante el año 2022, se contabilizaron 69.700 mujeres inactivas por dedicarse al trabajo de cuidados, frente a 17.181 hombres. Un dato que no solo no se ve, sino que se infravalora al calificarlas de inactivas.
Precariedad laboral que se refleja en la brecha salarial: en 2021 (último dato disponible) el salario medio de las mujeres en nuestra comunidad era de 22.344?, frente a 25.898? de los varones. En otras palabras, el salario medio anual de ellas tendría que aumentar un 13.72% para igualarse al de los hombres. Y otro apunte importante: los resultados de la brecha salarial de género por edades y nivel educativo indican que ésta no puede atribuirse a diferencias en capital humano: las mujeres que trabajan tienen, en términos agregados, un mayor nivel de formación que los hombres.
Esta fotografía de la inserción profesional de la mujer está determinada por dos factores laborales, anclados a su vez en una profunda visión sesgada del lugar de las mujeres en la sociedad. El primero de ellos es la orientación hacia campos de formación y de trabajo ?femeninos?, en teoría más compatibles con lo que se considera que debe ser el proyecto vital de una mujer: cuidar de su hogar y de su familia. El segundo factor es el desigual reparto de tareas en los hogares, que consolida esta visión en las empresas y recorta las trayectorias profesionales femeninas, en especial en relación con la maternidad.
Ante esta situación, cabe formular propuestas que, además, tengan un notable grado de consenso en el debate social. En esta línea de actuación, CCOO plantea la necesidad de un Pacto Estatal e Integral de los Cuidados. Un Pacto que incluye líneas estratégicas como impulsar el derecho de cada persona a recibir los cuidados que necesite cuando lo precise, que priorice los cuidados en la infancia y en otros procesos de larga duración (discapacidad, dependencia, vejez,..). Cuidados que se deben disfrutar en el marco de un potente sector público, garantizando la cobertura y profesionalidad en su desarrollo, plenos derechos laborales, con condiciones y salarios dignos. Y que por supuesto desarrolle y atienda las políticas de conciliación, la corresponsabilidad familiar, empresarial y social El hecho de que la mayor parte del trabajo de los cuidados recaiga en las mujeres (hablamos en sentido amplio de cuidados familiares y cuidados laborales, profesionales, remunerados y no remunerados), como consecuencia del secular reparto desigual de los roles en los hogares, tiene su reflejo en su situación en el mercado de trabajo (como hemos comentado en líneas anteriores), pero también en su posición como beneficiaras actuales o futuras del sistema de protección social. Son ellas las principales proveedoras de cohesión social a través de los cuidados, pero no participan de un bienestar social equiparable al de los hombres, en términos de participación laboral, acceso a la protección social e igualdad de oportunidades en general. Por ello, la urgencia de desarrollar un Pacto de cuidados como el que proponemos desde el sindicato. Es ahora, además, el momento oportuno por varios motivos, entre otros por la reciente Estrategia Europea de los Cuidados, o por los compromisos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, que establece como uno de sus ejes de trabajo la Nueva Economía de los Cuidados y Políticas de Empleo. Tenemos una oportunidad para materializar la igualdad entre hombres y mujeres a través de un reparto más equitativo de los cuidados y, consecuentemente, necesitamos inversión, redistribución, corresponsabilidad y políticas eficaces.