Jaume Cladera, exconseller de Turismo del Govern Balear (1983-1993)
Jaume Cladera es una voz más que autorizada para hablar de turismo. Además de empresario hotelero, fue conseller de Turismo en el período 1983-1993, bajo la presidencia de Gabriel Cañellas. Defiende el consenso y el acuerdo como forma óptima de gobierno y, desde su experiencia, reflexiona sobre la saturación turística y sobre posibles soluciones.
Tras las elecciones del 28-M, se va a producir un cambio del color político en el Govern. ¿Cambio de gobernantes implica en su opinión cambio de la política turística autonómica?
Creo que la discusión que en Baleares podamos tener en este sentido se resume en dos grandes opciones: una es decrecer y otra es mantener el status quo, sin crecimiento. No es lo mismo no crecer que decrecer, claro está. No hay más opciones. En una economía como la nuestra, plantearse el decrecimiento se vería mal inicialmente. Pero, en mi opinión, no se trata de plantear la disminución del número de turistas que nos visitan, lo cual produciría un daño muy grave para toda la industria turística (y hablo de todos: empresarios, trabajadores...); sino que se trata de decir y plantearse lo siguiente: ¿Cómo hacemos para reducir el número de plazas turísticas? He ahí el quid de la cuestión. Si los dirigentes encuentran una fórmula legal y justa para hacer desaparecer determinado número de plazas hoteleras, automáticamente se reducirá la llegada de determinado número de turistas. Lo que no se puede es reducir el número de turistas y mantener el número de plazas turísticas.
Cabe analizar asimismo cómo nos puede afectar la reducción de plazas, ¿qué perjuicios nos puede ocasionar, en términos de empleo sobre todo? Hoy se da la circunstancia de una tremenda falta de trabajadores en el sector turístico... Por tanto, el problema no sería tanto, a priori.
Ahora bien, ¿cómo hacer menguar el número de plazas turísticas? Una posible solución sería que la Administración autonómica hiciera una oferta pública a toda la oferta turística de alojamiento para cambio de uso de los establecimientos, desde un sentido amplio. Es decir, no puede ser como ahora, sino que tendrían que plantearse y negociar soluciones individuales, ya que habría que analizar caso por caso. ¿Qué establecimientos acudirían a esas ofertas propuestas desde la Administración? Aquellos que tengan hoteles rentables, no, sin duda. Por el contrario, la explotación de establecimientos hoteleros pequeños (de 50, 70 u 80 plazas) de sol y playa (no en el centro de Palma, para entendernos) es difícil. Muchos se acogerían a un cambio de uso si se les hiciera una oferta razonable y ajustada a precios de mercado. Estoy convencido de que muchos hoteles de menos de 100 habitaciones se acogerían a esas potenciales ofertas de la Administración.
¿Qué opciones se pueden plantear? Son muchas y variadas: demoler el edificio si éste estuviera en un espacio emblemático; otra opción es convertir el edificio en pisos de 80 metros para venderse a precios razonables, de modo que la ciudadanía pueda acceder a su compra. Otra alternativa sería la construcción de pisos de alquiler... Dependiendo de cada establecimiento y su situación, debería buscarse una salida u otra. Hasta ahora se ha hablado de cambio de uso, pero se ha hecho con la boca pequeña, porque hay miedo a la reacción social.
El segundo planteamiento que decía es el relativo a mantener el estado actual, pero sin crecer. Hoy tenemos una ley que obliga a la compra de una bolsa de plazas turísticas para construir un nuevo hotel; por tanto, si se elimina la bolsa de plazas turísticas, no se podría construir ningún hotel. Es una vía buena como opción a plantear durante unos años, cuatro o cinco, para evaluar después los resultados de la medida.
¿Estamos en un estadio de saturación turística en Baleares? De algún modo ¿Ha aumentado el problema tras la pandemia?
Sí es cierto que un par de meses al año (sobre todo, en julio y agosto) existe la sensación no sé si de saturación, pero sí cuando menos de pérdida de confortabilidad para el conjunto de la ciudadanía; esto es una evidencia. Es tan así, que a día de hoy, en plena temporada, y desde hace años uno ya no puede llegar en su propio coche hasta Formentor; algo parecido ocurre con Cala Mondragó y con Es Trenc. Son signos claros de que algo está pasando: ésta es una circunstancia que se da mucho sobre todo en Mallorca y Ibiza y Formentera. El caso de Menorca es distinto porque los menorquines siempre, a la llegada del boom turístico, mantuvieron otras industrias además de la turística: la bisutería, el calzado y los derivados de la leche.
¿Qué factores han propiciado esa saturación?
La saturación en esos dos meses se produce por la gran cantidad de visitantes que llegan a Mallorca, que se juntan con la población autóctona, que igualmente no deja de crecer año tras año. Todo suma para configurar esa sensación de falta de confort. Los cruceros y el alquiler vacacional, sin duda, son factores que contribuyen a esa sensación de falta de confort entre los residentes. Regular el número de cruceros diarios que lleguen a Palma es una buena idea y una buena medida. Por el contrario, un número elevados de cruceros en Palma el mismo día tiene como consecuencia que determinadas calles de Ciutat no sean cómodas.
En cuanto al alquiler vacacional, permitirlo en su momento en las viviendas plurifamiliares fue un gran error, por una cuestión que es fácilmente entendible. Si un señor percibe mensualmente de un inquilino 800 euros, eso son 9.600 euros en el cómputo de todo el año. Si a través del alquiler vacacional, ese propietario puede cobrar 200 euros al día por ese piso de 80 o 100 metros durante 60 días, la suma total asciende a 12.000 euros. Si hablamos de 100 días, la diferencia aumenta porque ya hablamos de 20.000 euros. Por tanto, eso conllevó a una proliferación brutal del alquiler vacacional. Con una diferencia adicional a favor del propietario: bajo este régimen, el cliente paga antes de entrar en su vivienda, mientras que en el alquiler convencional los impagos están a la orden del día. Entre otros efectos, esa situación ha conllevado la desaparición de muchos pisos de alquiler.
¿Está agotado el modelo turístico balear? ¿Corremos el riesgo de morir de éxito?
Nuestro modelo turístico es fantástico. La clase empresarial que se ocupa del mismo tiene una gran experiencia y sabe cómo manejarlo. Todo, y en ese todo incluyo la oferta complementaria, ha mejorado una barbaridad respecto a los tiempos en que yo era conseller de Turismo, en los años ochenta y noventa. Pondré un ejemplo muy gráfico: gracias a la ayuda de periodista Pablo Llull, gran entrevistador, conseguimos desde la Conselleria que el prestigio crítico gastronómico Néstor Luján visitara Mallorca y conociera varios de nuestros restaurantes. El último día, antes de abandonar la isla, nos comentó: ?Si os he de ser sincero, he disfrutado mucho de la isla pero la verdad es que la mayoría de los restaurantes dónde he comido tienen una calidad muy deficiente?.
Cabe recordar en este sentido que el turismo en nuestra Comunidad experimentó un gran crecimiento en los años sesenta, pero partiendo de cero, porque casi nadie tenía experiencia en el sector. Todo el mundo fue aprendiendo sobre la marcha. Hoy, afortunadamente, los empresarios de alojamiento son referentes internacionales, hasta el punto de contar Baleares con cuatro multinacionales punteras en el mundo.
¿Puede ser que después de la pandemia, las personas queramos vivir más con la mirada en el presente y disfrutar de la vida, por ejemplo a través de los viajes?
Es probable que así sea. Personalmente, creo que la pandemia ha acentuado de un modo muy claro la filosofía del carpe diem, vivir el día a día y aprovecharlo al máximo disfrutando también al cien por cien.
Por otra parte, la apuesta por la sostenibilidad parece ineludible...
Es evidente que los tiempos cambian y que, efectivamente, la sostenibilidad es un eje muy importante para todos, empresarios, administraciones y el conjunto de la sociedad. Dicho esto, estoy convencido de que el modelo turístico balear es compatible con la defensa de la sostenibilidad. Los empresarios deben asumir la sostenibilidad como un parámetro esencial, no se pueden negar las cosas que hemos aprendido para ir hacia un modelo sostenible. Por otra parte, a diferencia de otras industrias, el turismo no es un sector especialmente contaminante, más allá de la contaminación producida por los desplazamientos aéreos.
Muchas voces critican que la riqueza que genera el turismo en Baleares se queda en pocas manos...
Todas las empresas dan dos tipos de resultados, el económico y el social, son sus dos responsabilidades: obtener provecho de la inversión realizada, generar puestos de trabajo y dar compensaciones económicas a la sociedad (no sólo a través del empleo sino también mediante los impuestos). Globalmente hablando, la distribución de renta es muy grande, sin dejar de reconocer que unos (los que invierten) ganan más que los demás, pero también asumen sus riesgos.
¿Voces antiturísticas? Parto de una premisa: todo ciudadano tiene todo el derecho del mundo a expresar su opinión, sea cual fuere. Ahora bien, a los que se manifiestan en contra del turismo les diría que deberían plantearse muy seriamente qué alternativas tenemos a la actividad turística. Mientras no tengamos esas alternativas, no podemos perjudicar globalmente al conjunto de la sociedad. En todo caso, lo que debemos hacer es lavar la ropa sucia en casa y no mandar mensajes negativos al exterior, porque eso tiene un peligro evidente.
¿Por qué, en general, el empresario hotelero no tiene buena prensa sino lo contrario?
He reflexionado bastante sobre este tema, y tengo mi propia opinión. Resulta que aquí, en los años sesenta, cuando empezó el boom turístico, llegaron los touroperadores y buscaban personas que se encargaran de construir y dirigir un hotel, pero la financiación la aportaban los propios touroperadores, a quienes el propietario iría pagando año a año hasta cubrir la inversión. ¿Qué sucedió? La clase dirigente de aquel entonces no creyó en el futuro de la industria turística, y eso hizo que la gente que tenía poco que perder se volcara en el desarrollo de la misma; con el tiempo esta industria se fue consolidando con éxito. Todo ello hizo que los poderes económicos cambiaran de manos y de ello, en mi opinión, se deriva esa ?mala prensa? de los hoteleros.
Transcurridos los años, de qué se siente más orgulloso de su etapa como conseller de Turismo. Por el contrario, ¿cuál fue su asignatura pendiente?
Orgulloso no es una palabra que me guste mucho en este caso; ahora bien, sí creo que fue muy positivo el hecho de por primera vez, al estar en el primer gobierno autonómico, racionalizar el mundo turístico, analizar sus fortalezas y, sobre todo, sus puntos débiles para intentar subsanarlos. Buscamos soluciones a través del contacto con los distintos agentes sociales del momento.
El punto más débil era, sin duda, el hecho de que la comercialización se llevaba a cabo únicamente a través de los touroperadores, de modo que nos encontrábamos con una oferta atomizada y la demanda en manos de muy pocos, lo cual suponía un gran hándicap. ¿Por qué? Porque las empresas hoteleras no tenían libertad en este terreno para definir un producto o para implementar cosas nuevas, sino que estaban totalmente supeditadas a las directrices del respectivo touroperador, que funcionaba básicamente a través del paquete turístico estándar y del parámetro ?precio?. Romper con esta dinámica ya se adivinaba como algo difícil.
Ante esa realidad, ¿qué soluciones se podían plantear? De entrada, debíamos asumir la premisa de que los empresarios hoteleros tenían poco margen de maniobra en varios aspectos. Por ejemplo, respecto del transporte aéreo, quiero recordar que un vuelo Dusseldorf-Palma a finales de los setenta podía costar ¡60.000 pesetas! Quiero decir con ello que la empresa turística no podía comercializar directamente. Internet ni estaba ni se le esperaba en esa época. Entonces, sólo podíamos pensar en tener una oferta de plazas limitada, porque de ese modo si los touroperadores traían muchos visitantes, no tendrían otra opción que aumentar el paquete turístico. La segunda medida consistía en intentar crear mejor oferta: al llevar a cabo inversiones en sus hoteles, los hoteleros podrían subir precios.
El decreto de 1987 estableció unos límites de 60 metros por plaza y (algo que trascendió menos y, sin embargo, para mí fue muy relevante) que los hoteles de nueva construcción debían ser de 4 o 5 estrellas. Todo iba en la misma línea: a mayor inversión, más se podría cobrar por los servicios ofertados. Cabe pensar que en aquellos años, a mediados de los ochenta, en Baleares solo había cuatro hoteles de cinco estrellas.
¿Le quedó alguna asignatura pendiente como conseller?
El decreto fue más una decisión de emergencia que una solución definitiva. No pretendía ser la panacea universal, sino que teníamos un problema y debíamos atajarlo de manera rápida. En cuanto a asignatura pendiente, si lo queremos llamar así, diría que me quedó pendiente de aplicación el Plan de Ordenación de la Oferta Turística. ¿Qué hacía ese plan? Analizaba los metros cuadrados de playa de cada zona turística (Peguera y Alcudia, por ejemplo), hacía un análisis de la ubicación de los distintos hoteles en relación con otras viviendas y planteaba que el desarrollo hotelero futuro debía responder a determinados parámetros y requisitos, para no interferir a esas viviendas convencionales. Se aprobó el Plan y empezó a aplicarse, pero luego ya dejé la Conselleria. En todo caso, quiero destacar que nunca se aprobó una ley, un decreto o una normativa sin antes haber consultado y dialogado con los agentes implicados.
Si usted fuera conseller de Turismo a día de hoy, ¿qué situación le gustaría encontrarse?
El desiderátum del turismo, como en cualquier otra actividad económica, sería conseguir la máxima rentabilidad. Particularmente, no me gusta el concepto de apuesta por el turismo de calidad (aunque entiendo el sentido, está claro), porque parece que se da a entender que lo que se ha venido ofreciendo hasta ahora no la tiene.
Por otra parte, tenemos que tener en cuenta que, a día de hoy, el turista se encuentra con situaciones de saturación en muchas partes del planeta; no es algo exclusivo de Mallorca o de Baleares. Uno va al Louvre, en París, y se encuentra con cantidades enormes de personas por todos lados; y ¿qué decir del Vaticano o de Venecia, donde incluso han llegado a instalar tornos para regular la entrada de visitantes?
DESTACADOS:
?Tras las elecciones, los responsables que dirijan la política turística deberán optar entre decrecer y mantener el status quo, sin crecimiento. Son las dos únicas opciones a día de hoy?.
?Permitir el alquiler vacacional en las viviendas plurifamiliares fue un gran error?.
?Estoy convencido de que el modelo turístico balear es compatible con la sostenibilidad?
?Saturación la hay en todas partes: en Mallorca, en París, en el Vaticano, en Venecia... No es un fenómeno balear únicamente?
?De mi etapa como conseller de Turismo, me quedo con la racionalización que hicimos del sector en nuestra Comunidad, siempre desde el acuerdo con los agentes sociales del momento?.